El precio del gasóleo ya supera al de la gasolina. Un billete de 50 euros son más de 8.000 pesetas, y encima duran menos que un talego de antes. Un café cuesta 1,20 euros, es decir, doscientas pelas. El periódico, 166 cuando antes valía veinte duros. Los bancos roban a destajo con hipotecas, créditos fáciles, tarjetas y demás parafernalia. Y qué decir de los usureros que conceden préstamos fáciles mediante una llamada al 26% de interés. Y cobrar, se cobra menos que cuando había la peseta. Total: un desastre. Aquí no flota ni Dios, y para pagar la hipoteca u otras deudas con los bancos hay que hacer milagros sin ser Cristo.

Los que nos han dejado así, los sinvergüenzas de los constructores especuladores que por cuatro asquerosas paredes de ladrillo han sabido cobrar a más de 60 millones de pesetas la unidad, se han largado a la Europa del Este. Ahora harán allí la estafa que ha arruinado a este país y que ha dejado el sistema financiero al borde del colapso. Para que cuatro ladrones se llenasen el bolsillo, el Gobierno ha permitido la gran estafa inmobiliaria, esa gran mentira que se ha ido hinchando por la idiotez de la gente, que ha pagado sin rechistar las burradas que se le pedía. Y culpa también de los bancos, por conceder hipotecas que no se pueden devolver en la vida y que ahora mortifican a más de uno y a más de mil.

Para hacer frente a los números rojos de la cartilla algo habrá que hacer. Robar no, porque se puede dar con los huesos en la cárcel, pero más de un banco se merece los atracos que le vengan y trescientos mil más. Para ganar pasta de forma rápida y sin esfuerzo hay pocas maneras, y casi todas ilegales o arriesgadas en extremo. Menos una: la lotería. Por lo tanto, apostamos por la suerte, y esperamos que la Divina Providencia se apiade de nosotros y nos eche una mano haciéndonos acertar cinco numeritos más dos estrellas en la Euromillones para poder mandar a la mierda a usureros, a banqueros, a abogados, a constructores, a capullos que amenazan con incluír a todo el mundo en ficheros chungos de morosos y a la madre que los parió a todos.

Como siempre, los elegidos son unos pocos. Confiemos que esta vez la suerte recaiga en los participantes de esta peña online y que la Euromillones nos quite de encima todo el lastre que arrastramos.

El dinero no da la felicidad; la compra.


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